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Latoso indie ▶ Extrractos de textos hallados por ahí N° 100

Mientras la razón le obligaba a reconocer la existencia de Dios, la conciencia le hacía dudar de lo infinito de su bondad. No creía que un pecador como él pudiera encontrar misericordia. Él no había sido arrastrado hacia el error: la ignorancia no le podía proporcionar ninguna excusa. Había visto el vicio en sus verdaderos colores. Antes de cometer aquellos crímenes, había medido escrupulosamente su peso; y no obstante, los había cometido.

-LEWIS, Matthew G, El Monje



Latoso N° 1326

Un tiempo después de aquel viaje al sur, a los dieciséis años, yo cortejaba, digamos así, a Elena, una bella muchacha, muchísimo más culta que yo, con la que cursaba el tercer año del Colegio Nacional de Adrogué. Una tarde veníamos por una calle arbolada junto a un muro pintado de celeste, que todavía veo con nitidez, y ella me preguntó qué estaba leyendo.

Yo, que no había leído nada significativo desde la época del libro al revés, me acordé que había visto, en la vidriera de una librería, La peste de Camus, otro libro de tapas azules, que acababa de aparecer. La peste de Camus, le dije. ¿Me lo podés prestar?, dijo ella.

Me acuerdo que compré el libro, lo arrugué un poco, lo leí en una noche y al día siguiente se lo llevé al colegio… Había descubierto la literatura no por el libro sino por esa forma afiebrada de leerlo ávidamente con la intención de decir algo a alguien sobre lo que había leído: pero ¿qué?… Eterna cuestión. Fue una lectura distinta, dirigida, intencional, en mi cuarto de estudiante, esa noche, bajo la luz circular de la lámpara… De Camus no me interesa La peste, pero recuerdo al viejo que le pegaba a su perro y cuando al fin el perro se escapa, lo busca desolado por la ciudad.

¿Y cuántos libros he comprado, alquilado, robado, prestado, perdido, desde entonces? ¿Cuánto dinero invertido, gastado, derrochado en libros? No recuerdo todo lo que he leído, pero puedo reconstruir mi vida a partir de los estantes de mi biblioteca.

(Ricardo Piglia)

Latoso indie N° 1325

Los disidentes de El Vaticano se habían convertido al protestantismo pero luego ingresaron a la secta de Claudio María Domínguez, el fundador del ibé Domingochan. Finalmente, algunos generaron sus propios emprendimientos sectarios, lavando dinero con casinos clandestinos, riñas de furros, y tiendas de comidas tales como panchos, salchipapas, arepas, choripanes y petefelpas. Destacaron la secta de la marca de Caín (“Los Fabulosos Cainiliacs”), Los Tarambanas, Los Cachuzos del Último día y Los descendientes de Garompus. Todas esas congregaciones eran lideradas por charlatanes usurpadores con delirios místicos y múltiples desviaciones sexuales (en la secta de los tarambanas, la gente tenía como mantra la hilación de palabras “chu-chu-hua hua-hua” mientras los carceleros disfrazados de cucaracha les frotaban la remolacha). Todo era un cachivache, pero Langostino Quishpe, descendiente del mítico Delfín, luchó hasta el fin por descubrir la causa de que gente adinerada y con estudios, no tuviese mejor idea que dejarse profanar y saquear en las insanas redes de los mesméricos reptilianos despojadores de bienes, libertades y dignidades.
“A veces la gente es ovejuna y no pega una”, concluyó.

Latoso N° 1317

Mientras nos quisimos nos entendimos sin la necesidad de las palabras. Pero el amor no es eterno. Llegó el momento en que debí encontrar las palabras que la hubiesen retenido, pero no pude. ~Albert Camus.

Latoso N° 1314

Judge está contento de no poder hablar. Nunca entendió la compulsión humana por la conversación: cuando habla, la gente dice cosas inútiles que rara vez mejoran sus vidas. Sus palabras los entristecen. ¿Por qué no dejan de hablar y se abrazan? Ahora la mujer llora.


-KEAGAN, Claire, “La hija del guardabosques”


Latoso ▶ Fragmentos de escritores latinos N° 87

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.”
— GALEANO Eduardo. Celebración de las contradicciones / 2. El libro de los abrazos.



Latoso N° 1324

Una de las más apasionantes facetas de la vida poética (no de la vida socio-literaria, que detesto) son los encuentros, sobre todo los no buscados. La experiencia humana es tan rica y trae tantas sorpresas. Como en el amor, los encuentros no buscados son siempre los más frescos.

-Roberto Juarroz.

Latoso N° 1321

No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.

Julio, No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.

Julio, No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.


CORTÁZAR, Julio, Rayuela

Latoso N° 1318

“Dunraven, versado en obras policiales, pensó que la solución del misterio siempre es inferior al misterio. El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos.”

— BORGES, Jorge Luis, El Aleph

Latoso N° 1315

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.


-BORGES, Jorge Luis.

Latoso N° 1185

"…La memoria es tramposa, selectiva, parcial. Sus vacíos, por lo general deliberados, los rellena la imaginación: no hay historias sin elementos añadidos. Estos no son jamás gratuitos, causales, se hallan gobernados por esa extraña fuerza que no es la lógica de la razón sino la oscura sinrazón."

— Vargas Llosa


Latoso bukowskiano ▶ Hilo de Bukowski N° 68

¿El amor?
Es como cuando te levantas una mañana
y ves que hay niebla después de que haya salido
el sol.
Es como ese breve instante que hay hasta que
se quema
El amor es una niebla que se quema con el primer
rayo de luz de la realidad.



Latoso bukouskifag N° 1307

¿Sabes cuál es la forma más rápida de deprimirse?
Pensar.

Latoso bukowskifag N° 1276

Evidentemente soy un hombre débil. He probado recurrir a la biblia, a los filósofos, a los poetas pero para mí, no sé por qué, ninguno ha dado en el blanco. Hablan de algo completamente distinto. Por eso dejé de leer hace ya mucho. Hallé una cierta ayuda en la bebida…

Latoso bukouskifag N° 1175

“Entiéndeme
no soy como un mundo ordinario.
Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma”.

Latoso bukouskifag N° 1161

When nobody wakes you up in the morning, when nobody waits for you at night, when you can do whatever you want. What do you call it, Freedom or Loneliness?

Latoso bukouskifag N° 1101

No te abandones.
Quédate con una pequeña chispa y no se la des jamás a nadie.
Mientras la tengas podrás volver a encender el fuego.


Latoso ▶ Cuentos orientales N° 89

El maestro llevaba muchos años predicando que la vida no era más que una ilusión. Cuando murió su hijo rompió a llorar. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron:

—Maestro, ¿cómo puede llorar tanto si nos ha explicado que todas las cosas de esta vida son una ilusión?

—Sí —respondió el sabio enjugándose las lágrimas que resbalaban por sus mejillas— ¡Él era una ilusión tan hermosa!



Latoso N° 1254

No hables mal de ti mismo. Porque el guerrero que está dentro de ti escuchará tus palabras y debilitará por ellas. -Antiguo proverbio samurai.

Latoso N° 1180

En cierta ocasión, hablando el Maestro del poder hipnótico de las palabras, alguien gritó desde el fondo de la sala:

«¡No dices más que tonterías! Si yo digo 'Dios, Dios, Dios', ¿acaso ello me hace divino? y si digo 'pecado, pecado, pecado', ¿acaso ello me hace malo?»

«¡Siéntate, bastardo!», dijo el Maestro.

El tipo se puso tan furioso que no podía articular palabra. Finalmente, estalló en improperios contra el Maestro.

Éste, aparentando arrepentimiento, le dijo:

«Perdóneme, señor, por perder la calma. Le suplico que excuse mi imperdonable error».

El otro se calmó inmediatamente, y entonces le dijo el Maestro:

«Ya tiene usted su respuesta: ha bastado una palabra para encolerizarlo, y otra para tranquilizarlo».

Latoso N° 1179

Le preguntaron al gran matemático árabe Al-Khawarizmi sobre el valor del ser humano, y este respondió:

Si tiene ética, su valor es igual a 1.

Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será 10.

Si también es rico, sûmele otro cero y su valor será 100.

Si además es una bella persona, agréguele otro cero y su valor será 1000.

Pero si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor pues solamente quedarán los ceros.

Sin valores éticos ni principios sólidos, no queda nada.

Latoso N° 1178

Un maestro llevó a su discípulo al campo y recogió dos nueces para darle una lección. Dijo al discípulo que le lanzaría las nueces y que tratara de esquivarlas.

La primera vez, el maestro lanzó la nuez a dos metros y el discípulo trató de esquivarla. Pero ésta impactó en su cabeza.

La segunda vez, el maestro se puso mucho más lejos y lanzó la nuez. El discípulo tuvo tiempo de esquivarla con facilidad.
El maestro le dijo:

Discípulo, los problemas en la vida son como esa nuez, siempre serán lanzados hacia ti, pero tú decides dónde te paras. Aprende a tomar distancia y así esquivarás emocionalmente todas las dificultades y serás más feliz.

Latoso N° 1146

Un anciano sabio se paseaba con tres de sus discípulos en el jardín de su pueblo.

Viendo un limaco que devora una lechuga, el primer discípulo lo aplasta con el pie.

El segundo dice entonces:

—Maestro, ¿no es pecado aplastar esta criatura?

El maestro le responde:

—Tienes razón, así es.

—Pero él comía nuestro alimento, ¿no he hecho bien? —reprochó el pisachobis.

El maestro le responde:

—Tienes razón.

El tercero dice:

—Ambos dicen cosas contradictorias, no pueden los dos tener la razón.

Y el maestro le responde:

—Tienes razón.


Latoso ▶ Relatos cortos robados N° 79

Algunos lo llamaban apocalipsis zombi, pero Björn no lo creía. Sus vecinos eran tan tontos y descerebrados como siempre. Por eso decidió invitarlos a venir a celebrar el solsticio de verano como siempre. Poco sabía él que abrir latas de delicioso surströmmning (pescado podrido) atraería a los vecinos (y al mirarlos más de cerca parecían un poco enfermizos). Después de haber tomado demasiadas "cañas", y sin estar en forma para manejar tal problema, Björn sugirió brillantemente que todos deberían ir a esconderse en la bodega mientras se ponían sobrios. De alguna manera, el plan no funcionó. Los zombis siguen fuera, y la bodega huele mal desde que Björn orinó en la esquina.



Latoso N° 1253

Yo ejercía entonces la medicina, en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: Se había caído por el precipicio de un cerro.

Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:

- ¿Por qué no volaste m'hijo, al sentirte caer?

- ¿Volar? -me dijo- ¿Volar, para que la gente se ría de mí?

(Enrique Ánderson Imbert)

Latoso N° 1184

"Hasta que ella miraba sin rodeos hacia el lugar correcto y decía con una voz profunda y sensual, como si estuviera sintiendo el miedo de quien se va a tirar en un abismo, “mi amor” y entonces la representación terminaba y partíamos uno hacia el otro como dos niños aprendiendo a caminar, y nos fundíamos, y hacíamos locuras y no sabíamos de qué garganta salían los gritos, e implorábamos uno al otro que parase pero no parábamos, y redoblábamos nuestra furia, como si quisiéramos morir en aquel momento de fuerza, y subíamos y explotábamos, girando en ruedas moradas y amarillas de fuego que salían de nuestros ojos y de nuestros vientres y de nuestros músculos y de nuestros líquidos y de nuestros espíritus y de nuestro dolor pulverizado; después la paz; oíamos alternadamente el latido fuerte de nuestros corazones sin sobresalto; yo apoyaba el oído sobre sus senos y enseguida ella, por entre los labios exhaustos, soplaba ligeramente mi pecho, aplacando; y sobre nosotros bajaba un vacío que era como si hubiéramos perdido la memoria."
La fuerza humana, de Rubem Fonseca.

Latoso N° 1181

Grigori Eulerov: Ex combatiente sovietico de la guerra de Afghanistan, actualmente retirado vive soledad en un motel frente a una iglesia. Se levanta a la mañana para ir a la iglesia, no a entrar sino a quedarse afuera fumando un atado mientras mira el cielo, escucha el sermón desde afuera o se queda mirando los autos pasar. Algunas veces, como pasatiempo, entra a la iglesia y busca a algún joven solo para convencerlo de tener algún acto intimo. Otras veces simplemente se pasa el día pensando afuera. A la noche vuelve al motel para comer algo, acostarse en la cama y pensar mientras fuma un atado, recordando historias del pasado hasta que inevitablemente el sueño le domina. Solo para comenzar un nuevo día. Esta es la increíble vida de Grigori Eulerov, una vida sin mucha importancia...

Víctor Hugo Viscarra N° 1018

Ayer, por ejemplo (creo que al mediodía) trajeron los restos de una cholita de unos veintitantos años de edad a la que habían sacado del fondo de un barranco, lugar al que habría ido a parar presumiblemente por problemas sentimentales. Si bien no la encontraron en posición decúbito dorsal, estaba hecha mierda, porque, durante la caída, su cuerpo había chocado repetidas veces contra las salientes del barranco, que, al llegar al fondo, de la cholita no quedaba casi nada.

Toda ella era una miseria; pero, antes de que llegue el forense de turno para realizar un examen parcial de lo que quedaba del cadáver, con un alicate le saqué el engaste de oro de su dentadura, y —ojo clínico—, calculé que de allí se podía obtener tranquilamente unos ciento cincuenta dólares.

Con el tiempo uno llega a encariñarse con los muertitos porque —aparte de sus familiares y conocidos— nadie más se acuerda de ellos; muchas veces he sentido algo semejante a la tristeza cuando nadie viene a reclamar por uno de ellos. Se siente como si el corazón se nos rompiese en pedacitos, pues están abandonados y no tienen ni siquiera un perrito que les aúlle, a manera de despedirlos, cuando sus almas ya han abandonado para siempre este perro mundo.

Latoso N° 1009

"Estamos bien", le dijo a Ken. Su corazón latía tan fuerte en su pecho que no podía imaginar salir a la calle. Su corazón podría explotar de miedo. Podía oír los lejanos gritos de los muertos, pero los golpes a la puerta habían cesado. El Sr. Cloy estaba haciendo un gran trabajo manteniendo a los muertos en la esquina de la calle, pero los caníbales no muertos todavía estaban terriblemente cerca. En silencio, dejaron sus cosas y se fueron al armario. Trataron de estar lo más callados posible y se estremecieron mientras el armario gemía y tocaba mientras lo alejaban de la puerta. Se congelaron y esperaron, pero ninguno de los muertos se sintió atraído por el sonido. Ken agarró el portabebés de Cher del suelo y colocó su palo de golf en una posición defensiva. Lenore agarró el perchero fiel y respiró hondo. Nerviosa, se acercó a la ventana, miró a través de la cortina y examinó las condiciones de la calle. Estaba vacía de muertos, pero los coches estrellados eran un obstáculo. La lujosa camioneta del Sr. Cloy estaba estacionada al otro lado de la calle, más allá de los escombros. "Muy bien, súbete al camión y súbete. No tengas miedo. Mantén la calma y sigue moviéndote hasta que llegues al camión."Lenore sostuvo las llaves del camión firmemente en su mano y respiró hondo varias veces, tratando de calmar sus nervios. "Tengo miedo," susurró Ken mientras su gato soltaba un suave maullido interrogativo. "Sí, yo también. Pero sigue moviéndote. No te detengas. Solo vete", ordenó. Respiró hondo y se forzó a abrir la puerta. Lenore estaba paralizada de terror cuando el sonido de los zombis cercanos de repente parecía mucho más fuerte. Por un segundo, ninguno de ellos se movió, luego Ken lo pasó y corrió tan rápido como pudo, su portador de gato se estrelló contra su costado. Maldiciendo todo el ruido que hacía, Lenore obligó a su cuerpo a moverse. Ken era ligero en sus pies y maniobraba fácil y rápidamente alrededor de los coches. Lenore era mucho más lenta y movía los brazos en un esfuerzo por moverse más rápido. Estaba pasando el primer coche cuando Ken llegó a la camioneta y se deslizó hacia el lado del pasajero. Levantando el brazo, presionó el botón para desbloquear el camión. Para su horror, también presionó el botón de pánico y el camión estalló en gritos agudos y bocinazos fuertes. "¡Lenore!" "Mierda!"Se detuvo en medio de la carretera y buscó a tientas el control remoto de entrada sin llave. Se apresuraron unos segundos valiosos, luego encontraron el botón y lo presionaron de nuevo, silenciando la alarma. Los gemidos y el sonido de muchos pies tomaron su lugar. Lenore miró con temor la intersección. Los zombis inundaron la esquina. 10. Al infierno Esta fue definitivamente una de esas malditas cosas que la gente en las películas de terror hizo para ser asesinada, pensó Lenore. Gruñendo de frustración, sacudió su parálisis temporal y se dirigió pesadamente hacia el camión del Sr. Cloy. "¡Desbloquéalo!"La voz de Ken era casi estridente en su pánico. Esta vez presionó el botón de DESBLOQUEO y siguió presionándolo mientras corría hacia adelante, esquivando coches abandonados y tratando de no caer en charcos de sangre roja oscura. Ken abrió la puerta del pasajero, tiró el porta gatos y entró con un solo movimiento. Se deslizó a través de la cabina hasta la puerta del conductor y frenéticamente le indicó que se diera prisa. Como si necesitara urgencia ... Escuchó los pasos de los zombis que se acercaban a ella y no necesitaba que Ken agitara su mano como una especie de policía de tráfico enloquecido. Su cuerpo se sentía pesado, sus grandes pechos temblaban, sus piernas sólidas empujaban su cuerpo hacia adelante. Odiaba correr. Lo odiaba con pasión, pero el sonido de los zombis gruñendo y silbando acercándose era más molesto que su pesado pecho empujando dolorosamente. "¡Lenore!"Era la voz del Sr. Cloy. Se dio la vuelta, blandiendo el perchero como una espada y terminó golpeándolo en la cara ensangrentada y desgarrada de un zombi subiendo por el maletero de un coche para alcanzarla. Lenore aplastó el perchero sobre la cabeza de la cosa un par de veces, luego usó el extremo para empujar al zombi fuera del coche y lejos de ella. "¡Solo corre! ¡Sólo corre!"Instó a la voz del Sr. Cloy. Sus ojos se movieron rápidamente hacia arriba. La forma trágica del Sr. Cloy estaba en el borde del edificio. Se inclinaba hacia un lado y ya se veía espantosamente como un zombi. "Corre, Lenore!"Su voz era entrecortada, pero feroz. Los zombis corrieron alrededor de los coches, dirigiéndose directamente hacia ella. Se dio la vuelta y corrió los últimos pies hacia la camioneta. Ken abrió la puerta del conductor y se subió a su asiento. Dándose la vuelta, lanzó el perchero a la zombi a tres pies de ella. Sus pies se enredaron alrededor del perchero y se cayó. Mientras se movía, tratando de levantarse, otros zombis se toparon con él, formando una pila de carne muerta que se retorció y gimió. Lenore empujó su cuerpo contra el asiento del conductor y cerró la puerta de golpe justo cuando una mujer horriblemente desfigurada se lanzó hacia ella. Ken cerró rápidamente las puertas, sellándolas bien adentro. Lenore se sentó en silencio durante unos momentos, respirando profunda y sin aliento. Junto a ella, Ken miró al zombi rascando el parabrisas. "¿ Podemos irnos ahora?"Su voz era pequeña. Lenore deslizó las llaves en el contacto y luego agitó la cabeza. "No se como manejar un palo." "¡Muy bien, cámbiate!"Ken corrió hacia delante y pasó por encima de ella. Maldiciendo en voz baja, Lenore se deslizó para dejarlo al volante. El golpe constante de los zombies golpeando la camioneta con sus manos hizo que su estómago se girara y evitó mirar las caras gruñidas fuera de la puerta del pasajero. El camión se balanceaba por el asalto zombi o por todos los problemas que ella y Ken tuvieron que moverse para que él pudiera sentarse en el asiento del conductor. "¡Oh, los necesito!"Ken le dio palmaditas en la mano mientras intentaba alejarlo de ella. Lenore solo resopló y trató de no tocarlo de nuevo. Finalmente, se las arregló para meterse en el asiento del pasajero en la maldita consola encajada entre los asientos y ajustó sus piernas a ambos lados del portabebés de Cher. El gato la miró a través de la rejilla y soltó un siseo bajo. "No me hagas alimentar a los zombis," Lenore amenazó. Ken se acomodó en el asiento del conductor y buscó ajustes en el asiento. "Conocido!" "Mis pies no llegan!" Los zombis golpearon sus manos contra las puertas y ventanas una y otra vez. Sangre y trozos de carne mancharon las ventanas. Algunos de los zombies fueron masticados hasta el hueso y uno golpeaba su muñón rechoncho contra el parabrisas una y otra vez. "¡Quiero irme ahora, Ken! Ahora!" El asiento de Ken gimió mientras lo ajustaba y gritó: "¡Espera!" "Zombis, Ken. Zombis tratando de comernos. Vamos!" El asiento finalmente parecía estar en la posición correcta para que los pies de Ken alcanzaran los pedales y arrancó el motor. Él rugió a la vida, al igual que la radio. Tanto Ken como Lenore gritaron mientras la voz de Kenny Roger retumbaba a través de los altavoces. Lenore extendió la mano y apagó la radio. "Oh, Dios, me duele el corazón", exclamó Ken. Lenore le pegó en el brazo. "OW! ¡Eso duele!" "Esos zombis que se comen tu dulce carne van a doler mucho más. ¡Conduce o te golpearé de nuevo! " Lenore estaba decidida a no morir hoy y eso fue todo. Ken cambió de marcha y avanzó con cautela. Lenore se agarró a la tabla. Los zombis estaban a su alrededor ahora, gimiendo y aullando, sus sucias manos ensangrentadas arañando el coche. El gato soltó un aullido de desaprobación y Lenore asintió en silencio con ella. La situación se estaba jodiendo. Ken maniobró cuidadosamente el camión alrededor de los coches que bloqueaban la calle. Obviamente estaba nervioso conduciendo un vehículo tan grande. Ambos contuvieron la respiración cuando Ken apretó la camioneta entre dos autos. Se oyó un fuerte chillido cuando la parte trasera del camión atrapó a uno de los vehículos. Lenore se giró en su asiento para mirar por la ventana trasera. Algunos de los zombis se aferraban a la caja del camión. Tal vez estaban tratando de detener el camión, o tal vez esperando a ser llevados con ellos. "Somos un puto Happy Meal sobre ruedas", dijo Lenore frunciendo el ceño. Ken hizo una mueca cuando inadvertidamente atropelló a unos cuantos zombis destrozados que se arrastraban por el suelo. "¡Oh, Dios, Lenore!" "Ellos no son personas! ¡No te asustes! " Ken asintió y pasó un coche de policía, acercándose a la tienda del Sr. Cloy. Ken apretó la bocina, tocó la bocina dos veces y saludó la silueta del Sr. Cloy en el techo sobre ellos. Lenore también saludó, pero solo pudo ver a su amiga. Hubo un accidente cuando algo golpeó la caja del camión y el vehículo se balanceó violentamente. Ken gritó y apretó los frenos. Lenore se dio la vuelta para ver el cuerpo del Sr. Cloy caer de la parte trasera de la camioneta. Sangre derramada por todo el interior de la caja del camión. "Señor. ¡Cloy!" "Ve," dijo Lenore. "Estaba muerto? ¿Era un zombi y trataba de llegar a nosotros? ¿Se suicidó? "¡Vete, Ken!"Lenore le gritó. "¡Sólo vete!" Las lágrimas mojaron sus mejillas mientras se aferraba firmemente a la parte posterior de su asiento. Mientras Ken seguía conduciendo, vio a los zombies reunirse alrededor de la forma caída de su amigo. Cerró los ojos con fuerza y trató de borrar de su mente la vista de su cuerpo maltratado.


Latosote ▶ esa fuente N° 75

no podian elegir peor fuente para el tablon de texto? es una pregunta seria, creo que comic sans quedaba mejor que esta tipografia toda gruesa y cursiva, por favor cambienla unu



Latoso N° 874

>>802
yay!

Latoso arjonezco N° 804

>>802
¡Gracias, Lord Gusano! Con esta fuente, vamos aclarando el panorama.

Gusano ## Admin N° 802

Fuente cambiada latosos, gracias

Latoso N° 801

>>75
>>756

x2

Me duele la cabeza nada mas entrar aquí.

Latoso secundoso N° 756

Entiendo la calidez que genera (conceptualmente, al menos) la tipografía que emula la letra manuscrita, pero cuando esa buena intención o elección estética se encuentra reñida con la legibilidad, creo que hay que optar por ésta última.
De todas formas, me agrada este nuevo espacio en latinchan, el espacio texto. Ojalá lo hallemos en lo sucesivo más frecuentado.


Latoso escriba ▶ El trabajo del escritor N° 76

El trabajo del escritor, como todo trabajo por otra parte, no puede adoptar otra modalidad que la del infinito. Nunca se dejará de escribir; no importa la brevedad de la vida, porque no se trata exactamente del tiempo tal como podemos pensarlo, sino de un tiempo que se hace infinito volviendo sobre sí mismo, en forma de espacio. Ese espacio es el texto. El texto ya escrito, con el que se enfrenta el lector, es una extensión dada. Por dentro de esa extensión persisten las tensiones que la hacen incierta; el autor puede tomar cualquier decisión en cualquier momento, y cuanto más libre haya sido para tomarla, mayor será la adhesión del lector a esa ecuación de lo infinito del texto y lo infinito del escritor. [César Aira]



Latoso fan de Neil Gaiman N° 759

Una de sus primeras sesiones de firmas en EE UU, en la que compartía mesa con un autor de best sellers del The New York Times del que no quiere revelar su nombre. Una lectora de ese autor le da su libro para que se lo firme. El escritor ve que es un ejemplar de saldo de una librería. Y le espeta: "Esto no te lo voy a firmar. Con este ejemplar no he ganado nada". La mujer, abochornada, se fue llorando. "¿Sabes qué pasó luego?", pregunta Gaiman. "Varios de los lectores de los que estaban en su cola se pasaron a la mía. Por los pocos centavos que gana con un ejemplar, perdió a una lectora para siempre, a esa gente que se cambió de cola y a todos con los que hablaran los que vieron la escena. Me prometí: nunca seré como él."


Latoso N° 70

Solo hazlo.



Latoso hacendoso N° 682

Es mejor hacer algo durante veinte minutos que pensar durantw veinte horas cómo hacer ese pinche algo.

Latoso N° 680

[spoilerSi no lo haces te doy un mordisco en el ano][/spoiler]

Latoso N° 679

Obligame >:[


Gusano ## Admin ▶ El Diario Del Latoso N° 64

Hilo para que cuentes tu día a día con los demás latosos



Latoso N° 626

Creo que el día de hoy vi un fantasma o algo raro.
>ser yo.
>a punto de salir del trabajo.
>salir muy noche, casi a las 3 o 4 am.
>antes de llegar a casa tener que pasar por un barrio donde la mayoría de las casas están abandonadas.
>ir pensando en cosas sumamente autistas.
>ver de casualidad a una casa.
>esa casa en particular estaba sumamente descuidada.
>tubos oxidados, maderas y ladrillos decoraban el exterior de la casa.
>gruñido. Mp3 llama mi atención.
>ser parecido a un ladrido de perro pero mucho mas gutural.
>busca de donde salió ese ruido.
>ver una ventana rota.
>empezar a cagar ladrillos y correr.
>vi muchos ojos brillante de color amarillo
>llegar a casa y ver 3 horas de videos de gatos para olvidar lo que vi.
Ahora intento no pasar por ese barrio aunque tarde mas para llegar a casa

Latoso N° 618

Tengo menos de seis meses para prepararme para el ingreso a ingeniería yo solo. No tengo plata para una academia y no tengo disciplina para estudiar en cantidad ni calidad necesaria para entrar. Estoy jodido

Latoso redactoso N° 610

Hoy en la tele había un tipo que escribió una novela, él no era novelista, pero escribía manuales y no sé qué otras cosas, y se puso a leer un libro de Stephen King llamado "On writing" o algo así, y bueno, mencionó que una cosa que sugería Stephen King, un tip, era que no había que usar adjetivos, que muchos adjetivos paletos le restaban verosimilitud a lo narrado. Me hizo pensar que quizá las giladas que yo escribo tienen bastante de eso y por eso parecen tan amateur...